Tras empatar con Universitario el tricolor se despidió de la Copa Libertadores. E

Más allá de la pronta salida por lesion de Lucas Rodríguez, el equipo fue un desorden total y sigue sin tener forma a nada. En la primera mitad jugó como en cámara lenta, todo anunciado y sin cambio de ritmo.

En el complemento, apurado por el reloj, apuntó a centros frontales, a juego directo y fue un mar de imprecisiones. Nacional perdió todos los rebotes y en el afán de anotar quedó totalmente partido. Si los cremas hubiesen estado más finos en ataque se llevaban la victoria.

Se dijo antes y se repite ahora con el respeto a los rivales. Nacional cayó en un grupo accesible y el rendimiento fue tan malo que hizo que parecieran grandes equipos. Les dio vida a todos gracias a un nivel bajísimo. No hay que maquillar: es un fracaso rotundo y claro.

Muchos celebraron de antemano cuando se realizó el sorteo de Fase de Grupos y hasta sintieron “música en sus oídos”. No se percataron de algo, con el nivel mostrado por Nacional no hay ningún grupo fácil. Está bien pensarlo, no está bien declararlo y más si viene de un vicepresidente.

Todos responsables en mayor o menor medida: Dirigentes, Gerencia Deportiva, jugadores y también entrenador. Si bien no son los jugadores que él eligió el equipo no juega a nada. Renuncia a las formas que tanto pregona.

La próxima semana Nacional buscará clasificar a Sudamericana y no deja de ser importante continuar en un torneo internacional, tanto en lo deportivo como en lo económico. Imaginamos que de conseguirlo ninguno va a festejar ese objetivo cumplido.