• Tuesday, June 25, 2024

Messi, Uruguay no tiene dioses

Con su cara aún ardiendo por el terrible cachetazo recibido en el estadio que tiembla, la legendaria Bombonera xeneise, Lionel Messi, con su más reciente Balón de Oro reluciendo en algún lugar de su mansión de Miami, le declaró a la prensa televisiva argentina y a quien quisiera escucharlo, que algunos jóvenes -futbolistas- uruguayos deberían aprender a respetar a los mayores. El rosarino se refería a las actitudes de Manuel Ugarte y de Matías Olivera, protagonistas en el primer tiempo de un incidente con el siempre pendenciero Rodrigo De Paul, un roce importante que no pasó a mayores de pura casualidad y que también tuvo como actor al propio Messi, quien llegó, en determinado momento, a tomar del cuello al actual defensor del Napoli. Concretamente, por la lectura de labios, el del Paris St. Germain bautizó a De Paul con una conocida expresión -obscena por cierto- que identifica al de Atleti como un defensor demasiado cercano del rosarino. 

ENDIOSADO. El “10” manda que se le respete, pretende, ni más ni menos, que se le venere, que se le idolatre tal cual llevan a cabo patéticamente casi todos los rivales de Argentina en el mundo del fútbol actual. No lo tocan, no lo rozan siquiera, lo dejan hacer, tanto que sólo les falta aplaudirlo aunque puede que no pase mucho tiempo antes de que lo hagan. Endiosar a Messi, entronizarlo, parece ser la consigna única de quienes simulan marcarlo. Es obvio que el hombre está muy mal acostumbrado, tremendamente agrandado y sobre todo absolutamente desubicado.

“MARACANAZO”. Es evidente que nadie le explicó jamás a Messi -es cierto que tampoco tenía por qué interesarse en el tema- cómo se tejieron las hazañas y la historia misma del fútbol uruguayo. A modo de ejemplo y por aquello de que para muestra basta un botón, podría mencionarse que si los once leones del ’50 hubieran venerado e idolatrado al impresionante Brasil al que se enfrentaban, hoy el mundo jamás habría oído hablar del “Maracanazo”. El “Negro” Obdulio y el “Mono” Gambetta sólo sabían poner caras feas y apretar los dientes en cada choque con los rivales.

MARADONA. Mucho más cerca en el tiempo, en 1987, jugando en el “Monumental” de River, a la hora de dejar afuera de la final de “su” Copa América a la Argentina campeona del mundo de México ’86, a la “Guacha” Domínguez, al “Chueco” Perdomo, al “Hormiga” Alzamendi y al “Príncipe” Francescoli, ni se les pasó por la cabeza que estaban viéndoselas con el mismísimo Diego Maradona en su apogeo, tras llevar de la mano -puede o no tomarse ésto literalmente- a un séquito de brillantes futbolistas, hacia la obtención de la única Copa del Mundo que Argentina ganó legítimamente, habida cuenta que en el ’78 la dictadura había arreglado, sin lugar a la menor duda, aquel obsceno 6-0 a Perú que dejó a Brasil sin la final del torneo.

Volando retrospectivamente a aquella semifinal del ’87, sí que lo “rasparon” al Diego, guapo como pocos, como correspondía. A él y a todos los demás campeones de México ’86. La gran diferencia es que a Maradona, aún con lo “bocón” que era, nunca se le hubiera ocurrido salir a declarar después del partido que el duraznense Alfonzo Domínguez, por nombrar a uno de los que más “lo acarició”, debería haber aprendido a respetarlo.

CORRUPCIÓN. Y después de todo, en realidad no hay nadie a quien respetar -futbolísticamente hablando- en la Argentina de hoy. Desde antes del Mundial de Qatar Gianni Infantino declaró a los cuatro vientos que le encantaría que el trofeo fuera a parar a las manos de Lionel Messi. En ese momento podría haberse dudado sobre el trofeo a que se refería: si el de la Copa del Mundo o el Balón de Oro un año después. Hoy ya no hay dudas: Mr. Gianni hablaba de ambos. Después su FIFA, que por cierto demostró con esto ser tan corrupta como la de Joseph Blatter, se encargó, penalito a penalito, “uno por uno no le hace mal a ninguno” habrá pensado el mandamás, de llevar de la mano a “su” Argentina hasta el tope del podio. Pero, cuidado, si no fuera por el atajadón postrero del petulante y mal educado “Dibu” Martínez, cuyas obscenidades no merecieron pena alguna, faltaba más, Mbappé se hubiera encargado de arruinar el sueño de don Gianni.

Messi reclama respeto de los jóvenes futbolistas uruguayos. Es al revés don Lio, es usted quien debe respetar la riquísima historia del Uruguay que anoche tuvo enfrente y que legítimamente -reconocido por un hidalgo y autocrítico Leonel Scaloni- les atragantó el asado.

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