• Friday, June 14, 2024

Huelga de 1992: Cuando Nacional quedó afuera de un torneo internacional

Foto: El País

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Una tragedia en Segunda División, la incidencia de Paco Casal y el capítulo repatriados fueron las causas de un conflicto laudado por un sacerdote

Mientras continúan las reuniones para tratar de acercar partes que parecen estar en las antípodas y de esa manera destrabar el conflicto decretado hace ya 12 días por la Mutual de Futbolistas, lo que ha impedido que haya fútbol profesional uruguayo en los últimos dos fines de semana, recordemos cómo fue la huelga decretada por la gremial de jugadores en 1992, por qué se originó, el contexto, las graves consecuencias que tuvo para Nacional y cómo se resolvió.

Ya les contamos lo que ocurrió en la paralización decretada en 1948, apenas dos años antes del Maracanazo, y ahora es el turno de repasar lo acontecido en lo que fue el segundo conflicto más importante que tuvo como protagonistas a los futbolistas profesionales de Uruguay. Ocurrió en 1992 y tiene como punto común con el actual que la chispa se inició en Segunda División.

El 19 de setiembre de 1992 Basáñez recibió en La Bombonera a Villa Teresa. Fue triunfo por 1-0 del conjunto local, pero terminó siendo anecdótico. Al finalizar el partido hubo un feroz enfrentamiento entre las barras de ambos equipos (que por cierto por aquella época eran dos de las más temidas) y para ponerle fin a la reyerta llegó al lugar un grupo de Coraceros que incluía policías a caballo. Al final de los incidentes la tragedia se hizo presente. Uno de los coraceros había embestido con su caballo al exfutbolista Wellington Castro (51 años), el animal cuadrúpedo se había caído sobre este hombre y lo había aplastado, causándole la muerte. Hubo además tres heridos de bala.

Fue la primera persona que murió en una cancha de fútbol uruguaya desde 1957, lo que causó indignación. La Asociación Uruguaya de Fútbol tomó cartas en el asunto y, midiendo los antecedente de ambas parcialidades, decretó severas sanciones a los clubes, con quita de puntos que decretaron el descenso de Villa Teresa y le impidieron a Basáñez ascender a Primera.

En tanto se debatía cuál sería el alcance de las sanciones, Nacional y Peñarol jugaban dos clásicos por la Supercopa Sudamericana, un torneo hoy desaparecido pero que por entonces reunía a todos los que alguna vez habían ganado la Copa Libertadores. Fue empate 2-2 (Adrián Paz y Pedro Pedrucci para los carboneros; Dely Valdés y Edison Suárez para los tricolores) en la ida y triunfo de Nacional 1-0 (Suárez otra vez) en la vuelta, el cual le valió la clasificación a cuartos de final al conjunto que dirigía Roberto Fleitas.

El próximo rival en el torneo continental sería Racing de Avellaneda, que había eliminado a su archirrival Independiente por un global 2-1. El 8 de octubre, al otro día de la clasificación de Nacional, se decretó la huelga de la Mutual que el gremio de futbolistas venía anunciando. ¿La razón? La defensa de los futbolistas de Basáñez y Villa Teresa, a quienes se perjudicó por el comportamiento de los hinchas al quitarles la posibilidad de seguir compitiendo por sus objetivos deportivos con la drástica quita de puntos que se le había hecho a los clubes.

Sin embargo, todos los dedos acusadores apuntaron a una figura que ya era muy influyente por aquel entonces: Francisco “Paco” Casal. “Hay cosas que incluso se le han ido de las manos al propio Paco Casal, al que indudablemente su cercanía con Basáñez lo vincula. Él no es ajeno a la gestación de este conflicto”, declaró por aquellos días Hugo Batalla, quien presidía la AUF. Incluso se acusó al empresario de aportar US$ 300.000 a la Mutual para financiar el conflicto.

Eran esos tiempos de un gran enfrentamiento de la AUF con Casal (caramba, qué coincidencia con los tiempos actuales) por su pelea con quien era el seleccionador nacional del momento, Luis Cubilla. Tanto era el encono que los futbolistas de mayor jerarquía que jugaban en el exterior, los llamados “repatriados”, habían llamado a conferencia de prensa en la sede de la Mutual para anunciar su renuncia a la Celeste mientras Cubilla fuera el entrenador. Claro, todos (Enzo Francescoli, Ruben Sosa, Carlos Aguilera, José Herrera y Daniel Fonseca) eran representados por Casal.

¿Qué había dicho el técnico para molestarlos? “Yo no puedo convocar a un jugador que gana US$ 20 mil por mes, que tiene las mejores ropas, el mejor auto y que viene para hacerles creer a sus compañeros que es bueno, porque en realidad les hace daño (…) Entonces, a mí me dicen repatriados y yo digo futbolistas uruguayos que quieran estar con la Celeste”. Palabras no muy inteligentes de Cubilla y que hicieron que los cracks de entonces se sintieran (con razón) ofendidos.

La cuestión fue que el gran perjudicado fue Nacional, pues el capitán Hugo De León fue un gran defensor de la huelga y no aceptó que ni él ni sus compañeros la rompieran para jugar ante Racing (recibió el respaldo de una asamblea de la Mutual que prohibió a los jugadores tricolores disputar los partidos mientras durara el conflicto) por la Supercopa Sudamericana. Como consecuencia de ello la institución tricolor no se presentó el 21 de octubre al partido de ida y la Confederación Sudamericana de Fútbol le dio la serie ganada al elenco argentino.

Nacional, dolido por lo que le había tocado atravesar y sobre todo muy molesto con el ídolo De León, no movió un dedo para que la huelga llegara a su fin. Apareció entonces un personaje muy importante para destrabar el conflicto: el exfutbolista de Danubio y Nacional y sacerdote Ernesto Popelka. Su mediación fue clave, porque convenció a la AUF de indemnizar a los futbolistas de Basáñez y Villa Teresa, haciéndose cargo de los premios que obtendría cada plantel por los objetivos que no pudieron lograr por la quita de puntos: el ascenso en el caso de los primeros y mantener la categoría en el de los segundos.

Con el acuerdo sobre la mesa, el 8 de noviembre, exactamente un mes después de iniciada la huelga, la asamblea de la Mutual (dirigida también por futbolistas representados por Casal) decidió poner punto final a la huelga. Nacional fue el campeón uruguayo en ese 1992 y en cierta forma fue el premio consuelo, aunque el daño había sido mayor. La grieta que hoy 31 años más tarde perdura se inició allí.

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