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Peñarol y Nacional al fútbol argentino: Ruglio va por la huella de una vieja idea de… ¡Joao Havelange!

Ignacio Ruglio pateó el tablero, como suele hacerlo cada tanto, al anunciar que viajará a Buenos Aires para plantearle a Ernesto “Chiqui” Tapia, el presidente de la AFA, una idea revulsiva: que Peñarol y Nacional participen en el tramo final de la Copa Argentina, algo en base a lo cual el dirigente aurinegro reflexionó que “cada tanto intento salir a hacer cosas que pueden sonar descabelladas”.

No se trata acá de emitir un juicio de valor sobre la iniciativa de Ruglio, ni acerca de la factibilidad de que la misma pueda concretarse en la práctica, y menos aún de quitarle originalidad a la idea que el dirigente le va a plantear al presidente de la AFA, sino más bien al contrario: documentar que ese pensamiento es de larga data y no precisamente propio de un orate, puesto quien lo expresó en una charla absolutamente informal y privada a principios de la última década del siglo pasado fue nada más ni nada menos que Joao Havelange, el dirigente brasileño que presidió la FIFA durante 24 años.

Un día, mientras Havelange desayunaba en el entonces hotel Victoria Plaza, hoy Radisson, la conversación sin fines periodísticos, pues el presidente de FIFA había venido a Montevideo para asistir a una celebración familiar de Dante Iocco, amigo suyo de muchísimos años, y la intención –a solicitud del afitrión- era solamente acompañarlo un rato, por si además el alto dirigente brasileño precisaba algo, recaló inevitablemente en la realidad del fútbol uruguayo, ya en tiempos donde los equipos nuestros estaban lejos de definir los torneos continentales y la selección no concurría a todos los mundiales.

Obviamente, en cierto momento el tema de la conversación se centró en la precariedad económica y la estrechez del mercado futbolístico de un país de sólo 3.000.000 de habitantes, y fue en ese contexto donde Joao Havelange dijo con total naturalidad que “los principales equipos de Uruguay deberían jugar en el campeonato argentino”, agregando al respecto –ya asumiendo en forma implícita su condición de presidente de FIFA- que su idea no tenía por qué encontrar impedimentos reglamentarios para materializarse, pues “ya hay otros casos así en el mundo: equipos de Canadá juegan la competencia oficial de Estados Unidos (Major League), también hay de Gales en Inglaterra (Premier League y Championship), y de Nueva Zelanda en Australia”.

La charla después siguió otro rumbo, pero la idea de Havelange quedó registrada en el disco duro de la memoria de su interlocutor; porque, además, en realidad, aquella iniciativa tenía antiguos antecedentes extraoficiales en el fútbol del Río de la Plata: en los años 50, sobre todo, solían disputarse con carácter nocturno en Montevideo torneos amistosos de verano en los que participaban Nacional, Peñarol, Rosario Central y Newell´s Old Boys, y uno o dos de los equipos grandes de Buenos Aires.

Por si fuera poco, hay otro dato de archivo sobre el tema, que uno sitúa con mayor precisión cronológica en este caso: el 12 de octubre de 1997, Argentina y Uruguay jugaban en el Monumental de Núñez por las Eliminatorias del Mundial de Francia, y aquella tarde en la que Carlos Nicola atajó hasta el viento, como se dice habitualmente, varias horas antes de empezar el partido, mientras desde las cabinas de radio emergían voces que resaltaban en medio del silencio y la soledad del estadio, se oyó una que –sorpresivamente- emitía una propuesta que, aunque con un punto de partida diferente, era similar a la de Havelange.

En ese caso, era Juan José Lujambio, muy reconocido periodista argentino de radio Rivadavia especializado en la información de la AFA, quien durante la previa de la transmisión que encabezaba el famoso “Gordo” José María Muñoz analizaba la realidad del fútbol argentino de entrecasa y sostenía que para que la misma recuperara la atracción popular de la que carecían muchos de los partidos locales “habría que jugar un campeonato oficial con los siete grandes de Argentina, Nacional, Peñarol y algún otro de los clubes de mayor arraigo en el fútbol uruguayo”, tirando al pasar, y a modo de ejemplo, los nombres de “Defensor, Liverpool y Wanderers”.

De manera, pues, que la idea de Ruglio, aunque revolucionaria en caso de prosperar tras su diálogo con Tapia, no es original; pero, por lo mismo, lejos de que eso desmerezca su valor, no es tampoco una de sus –según las propias palabras del presidente de Peñarol- “cosas que parecen descabelladas”.

 

 

 

 

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