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Un libro para asombrarse: en el Mundial del 30, la prensa criticó a la selección…¡por entrenar a puertas cerradas!

De los otros cuatro libros, hay tres que son estadísticos y uno que es biográfico; éste, en cambio, muestra con documentos, incluso gráficos, los grandes reconocimientos que han tenido a lo largo de la historia en el mundo entero los entrenadores uruguayos, en muchos casos como protagonistas de situaciones que hoy parecen inimaginables, sobre todo para muchos que piensan que el fútbol como se concibe en los tiempos modernos nació en el siglo XXI o hace 30 o 40 años”.

En consonancia con la descripción de Ariel Longo, su autor, el título del libro es: “A las nuevas generaciones. Hay oro escondido”; y, en el contexto general que comprende a los otros que el presidente de la Asociación Uruguaya de Entrenadores de Fútbol (AUDEF) escribió antes, bien podría decirse que los anteriores son una guía minuciosa para informarse, mientras este último es lisa y llanamente para asombrarse.

A veces el hincha, la gente en general, y hasta ustedes los periodistas ven con muy malos ojos, y como un mal del fútbol moderno, los entrenamientos a puertas cerradas; y en este libro hay fotos y documentación que muestran que en el Mundial de 1930, ¡la selección de Uruguay entrenaba a puertas cerradas! Es decir, cosas que se consideran propias del fútbol de hoy, y pasaban 90 años antes. ¡En el libro hay testimonios de los diarios de la época que criticaban a la selección por hacer entrenamientos secretos, a puertas cerradas!”

Un revisionismo removedor, casi brutal, como para quedarse contemplando una calavera, diciendo “ser o no ser”, igual que Shakespeare le hizo decir al mismísimo Hamlet; situación que también parece presentarse, por ejemplo, cuando Longo –entrenador de la selecciones femeninas de Uruguay desde hace seis años- en su quinto y último libro cuenta que “en 1939, Carlos Carlomagno, argentino nacionalizado uruguayo, igual que (Juan Eduardo) Hohberg, dirigía a Fluminense, y como la selección de Brasil había perdido muy feo el primer partido de la Copa Roca contra Argentina, antes de la revancha lo fueron a buscar para pedirle una asesoría estratégica y táctica, y él les aconsejó marcar hombre a hombre en toda la cancha, lo que destruye la creencia generalizada, incluso en el periodismo, de que la primera vez que un entrenador uruguayo hizo marca individual fue Juan Martín Mugica, secundado por el Prof. Esteban Gesto, con el Nacional de 1980. No fue así, ¡ocurrió 41 años antes!”

A las nuevas generaciones. Hay oro escondido”, fue declarado por la AUF “de interés histórico” para el fútbol uruguayo y, por si fuera poco, ya se encuentra en el stand que representa a Uruguay en el Museo del Fútbol que está en el edificio de la Conmebol en Asunción; porque, cuando Longo había escrito los textos originales, desde el citado organismo continental le pidieron que enviara un borrador y, tras leerlo, consideraron que –al igual que “Campeones. Tanta Gloria Olvidada”, su tercer libro que está en el museo desde hace siete años- este último también constituye un gran aporte a la historia del fútbol sudamericano.

Otro caso es el de Enrique Sobral”, precisa Longo al referirse al contenido de su quinto libro sobre vida y obra de los entrenadores uruguayos, diciendo que “todo el mundo cree que (Oscar) Tabárez es el único técnico campeón uruguayo con Boca Jrs., pero hubo otro mucho antes: Enrique Sobral, que era el técnico cuando se inauguró ‘La bombonera’ en 1940, y fue campeón ese año; con una particularidad: Sobral era boxeador, se convierte en masajista de Boca, porque en aquella época ocurría que a veces los boxeadores se transformaban en masajistas por sus conocimientos en el trabajo físico, y después en 1938 pasa a ser el técnico de Boca; vuelve a ser el masajista en 1939, y en 1940 de nuevo el técnico, en este caso durante todo el año. Ahí fue campeón, con otra particularidad más: después volvió a ser masajista de Boca, y siguió siéndolo hasta 1956, cuando decidió retirarse”.

Campeones. La historia jamás escrita”, fue el primer libro del presidente de AUDEF, editado en 2002; “Campeones y Culpables”, fue el segundo y vio la luz en 2006; “Campeones. Tanta gloria olvidada”, el tercero que apareció en 2012; y el cuarto fue “Ramón Platero. El Rey oculto”, que se editó en 2017 y hasta hizo sonrojar a la mismísima Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), para cuyos registros jamás un entrenador extranjero había dirigido a la selección de Brasil, algo que el uruguayo Ramón Platero hizo en dos oportunidades en los años veinte del siglo pasado, nada más y nada menos que en dos campeonatos sudamericanos.

Igual que en los otros libros, sentí la necesidad de hablar de lo que sintieron, sienten y sentirán los entrenadores uruguayos que siendo reconocidos en otros lados, en Uruguay no lo son tanto o ni siquiera son recordados”, comenta Longo, refrescando otro de los casos a los que alude su quinto libro, cargado de situaciones inverosímiles, o al menos muy singulares: “Para jugar el Sudamericano de 1935 en Santa Beatriz, en Perú, conquista celeste con la cual se habló por primera vez de la famosa ‘garra charrúa’, acá en Montevideo a la selección la preparó Carlos Carlomagno, argentino nacionalizado uruguayo, y vaya a saber por qué, si por un problema de cupos, pasajes o lo que fuera, lo cierto es que a Perú no fue Carlomagno, y allá ocupó su lugar Raúl Blanco, otro uruguayo que trabajaba en el fútbol peruano; así que el técnico con el cual Uruguay salió campeón sudamericano fue Blanco, quien volvió para acá con la delegación, siguió con su profesión en nuestro país, y en el libro hay una foto que lo muestra dirigiendo poco tiempo más tarde ¡a un equipo de niños en la Plaza de Deportes N° 5 de la Unión! Cosas que hoy son realmente inimaginables”.

El libro también recuerda y describe frases “patentadas” por entrenadores uruguayos; por ejemplo, Luis Garisto: “Los entrenadores damos exámenes todos los domingos, pero no nos recibimos nunca”; o Enrique Fernández Viola, que llegó a dirigir nada menos que al Real Madrid y el Barcelona: “Esta profesión es la más hermosa del mundo, lástima que hay que jugar partidos los fines de semana”.

Todo está documentado en el libro, con el respaldo de fotos e imágenes de diarios”, apunta el actual entrenador de la selección mayor y la Sub 20 femeninas de Uruguay, reflexionando que “son cosas que enorgullecen, como el caso de Daniel Alberto Bergara (ex Racing de Sayago), que hay un club de Inglaterra al que dirigió, que le puso su nombre a una tribuna de su estadio, y ahora impulsó la iniciativa de hacerle una estatua; y lo mismo pasa con Julio Avelino Comesaña, al que en Colombia, y más precisamente en Barranquilla, también le erigieron un busto en su homenaje”.

Lo dicho, pues: “A las nuevas generaciones. Hay oro escondido”, es fundamentalmente para asombrarse, y por qué no, también para deleitarse con anécdotas protagonizadas por futbolistas uruguayos que fueron entrenadores con el paso de los años, tal el caso de Manuel Figliola, que en la década del 30 jugaba en Italia.

Él jugaba en el Génova y en 1939, como explota la Segunda Guerra Mundial, se vino para Brasil porque Vasco da Gama se interesó en su pase; empezaron las negociaciones, pero no llegaban a un acuerdo económico, entonces…¿qué hizo Vasco da Gama? Llama a uno de los accionistas del club, que era en principal exportador de café de Brasil para Italia quien, como tenía conocimiento con mucha gente allá, se pone a negociar personalmente el pase, llegando a feliz término: ¡por 50 bolsas grandes de café, Figliola pasó del Génova al Vasco da Gama!”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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