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Aníbal Lavandeira: el “Duro de Matar” uruguayo correrá 700 kms en 6 días por bosques de EE.UU., así deba comer insectos, sapos o ranas

Varias veces pasé muy mal, pero la peor fue cuando después en una nota me llamaste ‘el Superman uruguayo’: en la playa de Casino, sur de Brasil, la tormenta en la playa fue algo impresionante; duró horas, se volaba todo, y yo corriendo en medio del vendaval y la oscuridad de la noche, con relámpagos, rayos, el agua del océano enfurecido que me avanzaba y me llegaba por arriba de las rodillas…fueron 230 kilómetros y tuve la suerte de ganar, salí primero, pero la verdad es que ahí pasé muy mal, con mucho miedo, mucho pánico, porque estaba a la deriva del clima y no podía hacer nada”.

Aníbal Lavandeira no es uno de los 2.500 gurkas reclutados en Nepal, han prestado servicio en el ejército británico durante 200 años y son famosos por su ferocidad y tenacidad, como también por los cuchillos curvos (kukris) que utilizan en las batallas.

También pasé muy mal en Portugal, una carrera fue de 281 kilómetros, con mucho calor; me insolé y con 40 grados de fiebre tuve que avanzar para llegar a un puesto donde pudieran darme un calmante y yo pudiera hidratarme, porque estaba insolado, con fiebre, sin agua, los labios partidos, me dolía tanto la cabeza que no podía ver bien el GPS…ahí, soy sincero, tuve el botón de pánico en la mano, pero me contuve para no apretarlo. Salí cuarto, pero de no haber sido por la insolación, podía haber salido segundo o hasta haber ganado”.

Sin gran estatura y de físico delgado, Aníbal Lavandeira tampoco es un integrante del famoso Cuerpo de Marines de Estados Unidos, entrenado para actuar con ferocidad, que a la hora de la acción se especializa en el rápido despliegue de fuerzas de armas combinadas.

En Irlanda, al contrario, pasé muchísimo frío; y en los 500 kilómetros de Francia me pasó de tener la sensación de no llegar más: la pasé muy bien durante mucho tiempo, porque la campiña francesa es de una belleza impresionante, pero cuando faltaban 150 kilómetros, me entró una impresión de que no iba a llegar nunca, sentía como que no avanzaba, cada kilómetro era una vida, pero…la gloria de llegar es eterna y no se paga ni se compara con nada; todo lo demás pasa, la Ultramaratón Extrema es la lucha contra uno mismo y la clave está en autodominarse”.

Este uruguayo de 52 años ni siquiera es miembro de la Legión Extranjera, también afamada rama del ejército de Fancia caracterizada por su rigor y espíritu de combate, que recluta a soldados voluntarios no solamente franceses, sino de todas las nacionalidades; es, simplemente -o ni más ni menos- que uno de los cerca de 25 utramaratonistas extremos que hay desparramados por el mundo, una especie de raza que en su caso él define en forma muy llana: “Después de correr 220 kilómetros, pegarte un baño y tomarte un litro de malta es impagable, ese es mi premio máximo; después, acostarte a dormir seis horas, levantarte sin que te duela nada, tomar un mate, caminar por la rambla…es un privilegio, un premio de Dios, algo realmente mágico”.

Eso, precisamente, es lo que el atleta compatriota hizo y experimentó el pasado fin de semana, cuando a modo de entrenamiento preparatorio para la “carrera de 700 kilómetros non stop” en la cual participará desde el 8 al 14 de noviembre en el Marion Forest de Carolina del Norte, en Estados Unidos, recorrió en 28 horas los 220 kilómetros que hay de ida y vuelta entre su casa de Malvín y Solanas en Maldonado.

En competencia esa distancia tengo que hacerla en 23 horas, pero estoy confiado, porque en los últimos seis meses hice unos 6.500 kilómetros, una carga horaria con la cual creo estar muy bien preparado para este reto de Estados Unidos, donde tengo seis días para recorrer los 700 kilómetros en una extensa reserva de bosques naturales y llegar; no es en etapas, es una prueba de autosuficiencia, donde debo cubrir ese recorrido en un plazo de seis días, y tengo que llevar todo, ellos (los organizadores) lo único que me proveen en puestos ubicados cada 80 kilómetros, es agua”.

Animal” Lavandeira, como lo llamó este periodista en otra nota de hace años, sabe a lo que va, y cómo va, porque ha corrido ultramaratones extremas en Argentina, Brasil, Portugal, Suiza, Italia, Irlanda, España y Francia, pero ahora en Marion Forest tiene un nuevo y mayor desafío por delante, pues ha participado en varias competencias de 250 kilómetros y hasta de 500, pero nunca afrontó una de 700; y para el intento ya tiene un plan trazado.

Pienso dormir entre tres y cuatro horas por día, con tiraditas de 45’; eso despeja, pero permite seguir en movimiento, porque si uno duerme cuatro horas seguidas, después no se levanta más por el cansancio. Además, hay que tratar de no dormir en la noche, que es peligrosa para dormir en el piso, porque no se conoce ni se ve bien el lugar, y eso puede ser riesgoso por muchos factores: bichos, humedad, que uno se puede acostar arriba de un hormiguero…por eso hay que tratar de dormir de día y de avanzar en la noche; esa vigilia descansa”.

Pese a lo inédito de la experiencia que tiene por delante, Lavandeira conoce muy bien cuáles y dónde van a estar sus rivales, que no son sólo los 10 o 12 de todo el mundo que irán en noviembre a Carolina del Norte, porque en determinado momento la soledad suele ser uno de los más terribles adversarios: “A veces llega a ser traumático, como lo sentí en la carrera de Casino: en medio de la oscuridad de la noche y corriendo por la arena de la playa oceánica donde a lo largo de decenas de kilómetros no se ve ni la luz de una casa, de repente escuché el ruido de un avión, levanté la vista al cielo, y al ver las lucecitas del avión, pensé ‘ahí va gente’, y me sentí acompañado”.

Ante situaciones de dificultad física y anímica tan extrema, el ultramaratonista uruguayo sabe también que “lo más difícil de estas carreras es no perderse; porque, si bien corremos con un GPS de localización para la organización y para nuestras familias, que así pueden saber dónde estamos, igualmente en un bosque cerrado es fácil extraviarse, sobre todo en la noche, aunque la soledad extrema, el cansancio mental, las posibles alucinaciones, o los fuera de foco en los que uno puede caer mentalmente, que son muy habituales, hacen que el 80% de los abandonos sea por esa causa: por miedo, por períodos de depresión, e incluso hasta de pánico”.

Es por todo eso que, tal como explicó Lavandeira a “La Oral Deportiva”, “nosotros corremos con un botón rojo de emergencia, que uno lo aprieta y lo vienen a buscar o lo llaman, pero el que lo hace, queda afuera de la competencia de inmediato; así es que es muchos ante el pánico aprietan el botón, y después se arrepienten, los encontrás al final y te dicen: ‘Podía haber seguido’. Eso es lo que uno debe superar: los momentos de pánico, o de desazón por tener que volver a recorrer un camino si te equivocaste, el sentir la impresión de que no avanzás y estás parado, o darte cuenta que te quedaste dormido cuatro horas y perdiste todo ese tiempo; ahí, ante la posibilidad de apretar el botón rojo o no, es donde uno debe hacerse más fuerte que los rivales”.

Hacia allá, entonces, irá Aníbal Lavandeira dentro de pocas semanas, a tratar de recorrer 700 kilómetros en seis días en medio de la agreste soledad del Marion Forest de Carolina del Norte, en Estados Unidos, “un bosque donde se corre expuesto día y noche a la naturaleza en todo sentido: calor, lluvia, frío, humedad, y también los animales”.

No es un gurka, tampoco un “marine”, ni un soldado de la Legión Extranjera, pero este “Duro de Matar” criollo tiene claro cuáles han sido y volverán a ser sus armas de supervivencia deportiva, y casi hasta humana: “Para alimentarme, en la mochila cargo todas comidas en polvo; y, si bien no he tenido que llegar a comer insectos o cosas raras, si me tengo que comer un sapo o una rana, no le hago asco a nada. Llegar voy a llegar, allá veremos cómo; no sé si éste (la ultramaratón de Marion Forest) será mi último tiro, porque a veces lo he pensado y cada año que pasa me sigo motivando”.

 

 

 

 

 

 

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