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Baja deudas y presupuesto, pero juega presionado por más de 3.000.000 de razones

Parafraseando el título de una conocida película estrenada en 1988, podría decirse que Peñarol “corre por su vida” mientras juega el último tramo de la temporada 2020, no sólo porque pugna con muchísima dificultad por participar en la definición del Campeonato Uruguayo, algo que su rica historia le impone como un mandato, sino porque también lo hace por no quedar afuera de la Copa Libertadores, lo que es imperiosamente necesario para la salud de sus finanzas; y, si se tratara de cuantificar ese agobiante apremio, es posible afirmar que el mismo es de algo más de 3.500.000 de dólares que, según supo “La Oral Deportiva”, representan el volumen de ingresos netos que los aurinegros deben obtener en forma impostergable durante el transcurso del presente año.

Con el nuevo Consejo Directivo abocado a reducir el presupuesto en forma tan tajante que no faltan los que en la interna directriz la definen como “dramática”, hay algunos aspectos positivos que parecen encender una llamita de esperanza en el marco del oscuro panorama; y uno de ellos es que se constata una tendencia a la baja de las deudas contraídas por el club en el pasado, algo que si se siguiera manteniendo en forma gradual podría permitir que Peñarol resulte económicamente sustentable en el mediano plazo.

Por otra parte, además, de acuerdo a datos a los que accedió “La Oral Deportiva”, tras una gestión donde la participación del Cr. Eduardo Zaidensztat y el área administrativa del club fueron muy importantes, en el correr de estos días Peñarol consiguió tener liquidez a través del adelanto, por intermedio de un banco extranjero y con una tasa de interés muy razonable, del pago del vale por el pase de Facundo Pellistri al Manchester United.

Dentro de ese contexto, entonces, sin incluir el volumen de deuda que viene del pasado, la proyección presupuestal para 2021 prevé un superávit de 1.500.000 dólares; pero al abarcar –como es lógico- el pago de capital de deuda y sus intereses correspondientes, el saldo en rojo sería por más del triple de esa suma, de la cual Peñarol deberá hacerse cargo en forma impostergable por un monto algo superior a los 3.500.000 antes de fin de año.

Esa, pues, es la cifra con la cual se puede cuantificar la gran presión que pesa sobre los aurinegros al jugar el último tramo de la temporada; porque la participación en la fase de grupos de la Copa Libertadores, la posterior clasificación a octavos de final tan postergada en los últimos años, y ni qué hablar de un eventual acceso a cuartos, o la concreción de alguna transferencia importante, son las únicas vías que tiene el club a mano –por llamarlo de alguna manera- de afrontar los compromisos financieros con los que debe cumplir durante 2021 en forma impostergable.

Así que, si bien se da por cierto lo que dijo Obdulio antes del “Maracanazo”, de que “los de afuera son de palo”, en el caso de Peñarol puede no serlo tanto; por el contrario, algo más de “tres palos y medio” de dólares es lo que pesa –y acaso juega- la presión bajo la cual el club, no ya el equipo que entra a la cancha, “corre por su vida”, y de la que se puede liberar solamente de tres formas:

  1. Si sale campeón uruguayo y, a los efectos de participar en la Libertadores, es Uruguay 1.
  2. Si termina segundo en la Tabla Anual y es Uruguay 2.
  3. Si después que este domingo 21 de febrero sacan la famosa “foto” de la Tabla Anual, Torque (hoy 2°) no acepta ser Uruguay 3, y en cambio Peñarol lo hace; aunque este camino no asegura la llegada a la fase de grupos, porque para eso primero se debe sortear el escollo del Bolívar de La Paz, un rival al menos respetable por contar con el aliado de los 3.650 metros de altura de la capital boliviana.

 

 

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