Conectá con nosotros

El ojo de Londres

Volvió el lobo feroz

El «Etihad Stadium» le regaló su marco a una de las muestras de arte futbolístico más destacadas de esta edición de la Premier League. Pocas veces podrá apreciarse una acuarela tan precisa sobre el lienzo creando una combinación casi mágica de fútbol atildado, preciso pero al mismo tiempo vertical e hiriente (Manchester City), con una defensa elaborada, organizada y sincronizada con una salida al ataque pensada, prolija pero también rápida y expeditiva (Aston Villa).

Lo primero que debe aclararse es que el Manchester City es hoy un equipo diferente, básicamente porque incorporó verticalidad y vértigo (las dos «v») a su juego, sin perder por ello precisión ni orden. Parece obvio que «Pep» Guardiola, inteligente por demás, percibió que sus futbolistas habían perdido motivación y hasta interés a la hora de encarar los partidos. Debía terminar con esa desidia, con ese letargo, con ese navegar sin rumbo por la cancha que mostraban los suyos con alarmante continuidad. Supo que tenía que cambiar y cambió: así de sencillo y de contundente.

En cuanto al partido del «Etihad», fue «palo y palo» con mayor continuidad del City pero con el Villa contestando sin respeto alguno. A los 5 minutos Emiliano Martínez salvó su arco por primera vez. Después las llegadas del local ya no fueron tan claras pero igualmente el colectivo de «Pep» no dió tregua, mientras que del otro lado Jack Grealish, el «10» de la «facha» rioplatense y medias caídas, y su socio Ross Barkley, el de Chelsea que encontró su lugar entre «villanos», lo intentaron todo para que las diferencias no se notaran. Así las cosas, el 0 a 0 del final del primer tiempo resultó una especie de milagro: nada menos ajustado a la realidad de acuerdo a lo mostrado por ambos rivales.

Ese panorama se mantuvo en el complemento. Las espaldas «villanas» estuvieron siempre bien cubiertas por los zagueros ingleses Tyron Mings y Ezri Kousa y claro, por supuesto, también por el enorme Emiliano Martínez, siendo como siempre un monumento a la sobriedad y a la tranquilidad. City siguió jugando con la sirena abierta como ha sido común en los últimos partidos, con fútbol elaborado, con las triangulaciones clásicas del equipo de Guardiola, pero con ese nuevo ingrediente picante, hiriente: la verticalidad, parienta directa del cambio de ritmo vertiginoso que lleva al arco rival en un abrir y cerrar de ojos.

A los 53 minutos el portugués Joao Cancelo «reventó» el horizontal y después el duelo entre los ataccantes celestes y los defensas visitantes fue «a muerte», con ambos centrales sacando todo y con Emiliano haciendo, una vez más, de arquero-maravilla. Cada contragolpe de Aston Villa fue también una tortura para el City, así que ese 0 a 0 que se mantenía en el marcador era simplemente un capricho al que el fútbol acostumbra a sus fanáticos.

Cuando a los 78 minutos el luso Bernardo Silva encajó su zurdazo bien pegado al caño derecho de Martínez, se hizo justicia con el fútbol más que con Manchester City. También todos supieron que a esa altura era muy improbable que Aston Villa pudiera empatarlo, así que el penal que el turco Gundogán transformó en gol, puso punto final a una de las mejores muestras futbolísticas de esta temporada.

Manchester City ha recuperado su «status». Es otra vez el lobo feroz, un candidato de fierro al título. Hoy es el segundo, a sólo dos puntos del Manchester United de Edison Cavani pero con un partido menos jugado, por lo cual, en una hipotética tabla de puntos perdidos, es el líder de esta Premier League. Pocas, muy pocas semanas atrás, esta realidad de hoy era por demás difícil de imaginar.

Click para comentar

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Más en El ojo de Londres