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El ojo de Londres

El líder a gatas

El despertador se trancó y no sonó hasta los 5 minutos de comenzado el partido. Hasta entonces Manchester United no se enteró de que había partido a orillas del Támesis. Más que estar en la cancha, flotaba flácido sobre el icónico río londinense. Así las cosas fue Fulham el que impuso el ritmo, el que marcó el paso, el que trató de llegar al arco de De Gea a velocidad y por las bandas, con Ademola Lookman como abanderado. El inglés, hoy por hoy el mejor delantero del equipo de Scott Parker, fue quien se ocupó de hacer sonar ese despertador trancado, cuando en el minuto 5 aprovechó una distracción imperdonable de la última línea visitante y con fuerte remate cruzado inauguró el marcador.

Sonó entonces la alarma y el United comenzó por ajustarse los cinturones en el fondo, cerrarle caminos al dueño de casa e intentar inquietar al arquero francés Alfonze Areola, hasta que el ex-PSG se ocupó de arruinar él mismo alguna excelente intervención que había tenido, cortando un centro bajo tan defectuosamente que la pelota quedó a disposición de la zurda de Edison Cavani: remate fuerte y bajo y empate sellado en el Craven Cottage.

Cuando más intentos y méritos hacía Fulham para desnivelar de nuevo, porque aunque suene increíble eso fue lo que sucedió, llegó el golazo de Paul Pogba.. Ni siquiera ese zurdazo inapelable luego de una gran acción individual del francés, alcanzó para que el United se vistiera de grande de una buena vez.

El local siguió martillando y dando sensación de superioridad sólo desairada por las malas definiciones. A tal punto llegó la situación, que los minutos finales fueron de un sufrimiento inexplicable para los de Ole Solskjaer, quien llegó al extremo de hacer un cambio en el minuto 95, haciendo ingresar a Nemanja Matic por el portugués Bruno Fernandes, en aras de hacer correr el reloj y así mantener el resultado ante uno de los colistas de Premier.

Claro, todo sea por mantener el liderazgo. A esos efectos cualquier maniobra es válida y esa premisa fue la que aplicó el entrenador noruego. A gatas, a duras penas, pero vale igual.

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