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El ojo de Londres

El lánguido Chelsea

Un triste Chelsea, lánguido, desdibujado, desteñido, sin hacer pesar a sus figuras, necesitó de un agónico gol de Mason Mount para doblegar al local Fulham, su rival del oeste de Londres, que había resistido más de media hora jugándole al gigante con un hombre menos.

Cuando a los 41 minutos el portugués Cavaleiro desperdició, con una definición deficiente, una formidable jugada colectiva de Fulham, los pronósticos para el segundo tiempo no podían ser más preocupantes para los dirigidos por Frank Lampard. Nunca habían plasmado en la cancha el poderío que naturalmente debiera emerger siempre de sus figuras, las mismas que conforman un presupuesto multimillonario e infinitamente superior, por cierto, al que ostenta el que fuera ayer su rival de turno.

Por esas razones de peso -y de libras esterlinas- cuando a los 44 minutos el estadounidense Antonee Robinson, defensa de Fulham, dió por el piso con todo lo bueno que había mostrado su equipo al hacerse expulsar infamemente tras una entrada tan tremenda como innecesaria contra el vasco Azpilicueta, no hubo nadie que no pensara que en el complemento Chelsea se comería crudo a los dirigidos por Scott Parker.

Pues no fué así. Ni los cambios introducidos por Lampard consiguieron despertar al equipo, sacarlo de esa languidez y de esa inoperancia. Fulham defendió sin sobresaltos, no pasó mayores sofocones pero cuando parecía que se llevaba un punto que era oro por su posición comprometida en la tabla y porque en la Premier jugar con diez fubolistas equivale siempre a derrota segura, aparecíó Mount y sepultó las ilusiones del local.

Fue triunfo – un pálido 1 a 0- del desteñido Chelsea que, si sigue en este tren, no parece ser un problema mayor a resolver para los que comandan hoy las posiciones de Premier League.

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