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El ojo de Londres

Vengando a Cavani

El «sombrerito» del francés Paul Pogba, el pase para el desborde del lateral Van Bisaka, el centro rasante y el cabezazo perfecto del galo Antony Martial, fueron las estrofas del poema que culminó en el primer gol de Manchester United.

Antes, con alguna contestación atrevida del siempre osado Aston Villa y la respuesta del mejor David De Gea, el del candado en el arco, el de sus mejores noches, el once del noruego Ole Solskjaer se había dejado ver en su mejor versión: había regresado en su plenitud el United que terminó a todo candombe la temporada anterior. Sobre el tapete reinaron las triangulaciones perfectas, la circulación rápida de la pelota, la sincronización perfecta de las jugadas planificadas y, en síntesis, todo el repertorio que es capaz de desarrollar la representación actual del club más poderoso de Inglaterra.

El preferido, el niño malcriado de todos los ingleses, el gran Marcus Rashford, recitó a voz en cuello su propia poesía con estrofas de magia, amagues, velocidad, quiebres y remates. El gran arquero argentino, Emiliano «Dibu» Martínez, fue exigido como pocas veces y respondió a pleno, como siempre lo hace.

El segundo tiempo fue tremendo. Manchester United no bajó la guardia y siguió, empecinado, buscando el arco del cuidavallas de la selección argentina. Hasta Antony Martial, a quien últimamente le había costado demasiado dar con su mejor nivel, esta vez estuvo realmente a tono con lo que mostró su equipo.

Aston Villa embestía, su capitán y estrella Jack Grealish «se mataba» para llevar el equipo adelante. Increíblemente el lateral  Van Bisaka se dejó «garronear» infantilmente, como si estuviera en el campito, en un tiro libre a favor de la visita y así la corrida de Grealish, su amague genial y el centro-pase como con la mano, terminó en el pie derecho de Bertrand Traore y luego en el fondo del arco de De Gea.

Sin embargo el encuentro estaba para Manchester United y eso no lo cambiaba nadie. No bien movieron tras el empate visitante, un dudoso penal sancionado por Michael Oliver tras presunto foul a Pogba, terminó con el remate de Bruno Fernandes, desde los doce pasos, en la red de Martínez.

Sin embargo el ritmo no aflojó. El «Villa» embestía, jugaba, trataba y hasta merecía mejor suerte frente al mejor United posible. Había vuelto la Premier League, su vértigo acalambrante, su suspenso inigualable, su fútbol de clase, arriesgado, sin pelos en la lengua y el 2 a 1 final, en favor de los de Old Trafford, sólo puede explicarse por la formidable actuación de dos arqueros vestidos de candados. Recién sobre el final el noruego Solskjaer bajó un par de cambios, ambos aportes de marca bienvenidos en el intento de «cerrar» el partido.

La tiránica y despótica Federación Inglesa no permite a los actores ni a los clubes comentar y menos aún discutir sus fallos y sus sanciones. De ese modo la mejor forma de vengar la infamia cometida por el organismo rector del fútbol inglés contra Edison Cavani, es que su institución actual saque las castañas del fuego por su futbolista a través de triunfos obtenidos en la cancha, de modo que cuando el salteño se incorpore al equipo, pueda transformarse en uno de los artífices de esos éxitos.

Y el United parece estar hoy en ese camino.

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