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Boxeo

El invicto Amílcar Vidal jugará a la ruleta rusa el 3 de octubre en el Radisson

El uruguayo peleará ante el también imbatido noqueador correntino Ramón Matías “Monzón” Lovera, que es el actual campeón argentino de peso supermediano.

Amílcar Vidal, el proyecto más firme y promisorio que tiene hoy el boxeo uruguayo, reaparecerá el sábado 3 de octubre en una velada que se llevará a cabo sin público el Hotel Radisson de Montevideo, pero no será en una pelea cualquiera, que genere un mero dato estadístico en su ascendente trayectoria que suma 11 triunfos al hilo, 10 de los cuales han sido por nocaut (KO), y sólo le sirva para volver tras la inactividad provocada por el brote mundial del COVID 19, que en su caso lo sorprendió cuando ya se encontraba en Estados Unidos, preparándose –junto a Richard, su hermano y entrenador- para enfrentar al invicto texano Donald Reed, lo que lo obligó a retornar nuestro país en forma inesperada en un azaroso viaje que realizó en medio de rigurosas medidas sanitarias el 25 de marzo pasado.

En esta oportunidad, el invicto compatriota se medirá con el correntino Ramón Matías “Monzón” Lovera, que ostenta un temible récord de 14 victorias -11 de las cuales fueron también por la vía rápida- y un empate, y es nada más ni nada menos que el campeón argentino de peso supermediano, título que conquistó el 25 de octubre de 2019 cuando le ganó al chaqueño Juan Gabriel Rizo Patrón por KOT a los 2’45” del segundo round.

A esta altura no cabe duda que éste será el compromiso más serio y riesgoso que afrontará Vidal, pese a que ya peleó una vez en Estados Unidos, donde el 15 de noviembre del año pasado venció en Sloan, Iowa, al invicto estadounidense Zach Prieto por KO a los 2’59” del primer asalto; porque, además de su muy buen récord, el argentino tiene 24 años, igual que el uruguayo, y -por si fuera poco- ambos están parejos en estatura y alcance brazos.

No es todo, porque en el marco de su corta y exitosa carrera plagada de triunfos fulminantes debido a que Vidal tiene una línea boxeo pulcra y estilizada, pero además cuenta con una pegada precisa que ha devastado a la inmensa mayoría de sus rivales, hay un factor que no es para dejar de lado: su rodaje es relativamente escaso, ya que después de su victoria ante Prieto en Sloan, volvió a pelear el 4 de enero del corriente año en el Hotel Radisson, pero casi ni transpiró, pues también le ganó prematuramente al mexicano Leopoldo Reyna por KOT al 1’ 39” del primer round.

Desde ese punto de vista, la cuenta es clara: la única vez que Vidal completó 10 asaltos fue el 3 de agosto de 2019, cuando venció por puntos en fallo unánime, en el Palacio Cr. Gastón Güelfi, al cordobés Nicolás Luques Palacios; aunque cabe reconocer también que en esa oportunidad llegó al final del combate con gran soltura y mucho aire, en la medida que siempre que sube al ring lo hace muy bien entrenado.

Por todo eso, entonces, tanto en el seno del “Team Vidal”, que completan su padre y dos hermanos, como también por parte de Sampson Lewkowicz –el promotor uruguayo radicado en Estados Unidos que maneja la trayectoria del invicto compatriota- hay sinceras opiniones coincidentes en que “esta vez es 50 y 50”, en referencia a las posibilidades similares que, al menos en lo previo, tienen el “Pety” y su próximo adversario.

Quizá pueda parecer que la parada es demasiado arriesgada, sobre todo teniendo en cuenta que la apuesta que ha hecho Lewkowicz por Vidal incluye que siga peleando y escalando posiciones a nivel internacional en Estados Unidos, al extremo de que el promotor mantiene vigente en la futura agenda del uruguayo el frustrado combate ante Donald Reed, que en caso de que nuestro compatriota salga airoso ante el argentino Lovera el 3 de octubre en el Radisson tendrá lugar en aquel país en diciembre de 2020 o en enero del año entrante.

Es más, como el promotor sostiene que para pelear en Estados Unidos ante rivales de fuste el uruguayo debe “entrenar acá (EE.UU.) no menos de dos meses antes de cada combate”, incluso hizo construir una casa especialmente para uso de los Vidal cada vez que el boxeador y Richard, su técnico y hermano, vayan a trabajar en Coachella, ciudad californiana de 45.000 habitantes ubicada a 214 kilómetros al sureste de Los Ángeles, desde donde pueden ir a entrenar algunos días a un complejo deportivo de Big Bear Lake, localidad ubicada a  2.058 metros sobre el nivel del mar que, por lo tanto, permite realizar una preparación que potencie y optimice las posibilidades físicas del pugilista para cuando después va a pelear en el llano.

Sin embargo, por más que todo estará en juego frente a Lovera, según aseguró Lewkowicz desde Las Vegas, “no había otra salida” para ponerle fin a la forzosa inactividad en la que cayó la carrera de Vidal, al menos en las actuales circunstancias, porque el promotor consiguió que el uruguayo firmara un contrato por varias peleas en Estados Unidos con la poderosa cadena televisiva “Showtime”, pero en este momento no lo puede programar en aquel país pues la pandemia obligó a cerrar el tráfico aéreo hacia el mismo y, por lo tanto, aún en el caso de que lo incluyera en alguna de las veladas que habrá a corto y mediano plazo, no tendría la certeza de que el boxeador y su hermano pudieran viajar con el tiempo suficiente como para prepararse en la medida que el “match-maker” considera necesaria.

Por eso, entonces, la pelea del sábado 3 de octubre en el Hotel Radisson será, al menos en lo previo, “un 50 y 50” entre Vidal y el correntino Ramón Matías “Monzón” Lovera, campeón argentino supermediano; algo así como una especie de ruleta rusa a la que el invicto compatriota nunca ha jugado antes.

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