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A Washington Aguerre lo «embagayaron» con un delito que no cometió

El arquero de Cerro Largo, reincidente en sus actitudes contra la hinchada de Nacional, es juzgado en forma errónea como el gran culpable del empate.

Antes, preferentemente en el siglo pasado, cuando los medios de comunicación no estaban tan desarrollados ni había redes sociales, y por ende no aplicaba lo que pregona “Santo y Seña” con su conocido “porque todo se sabe”, el imaginario popular solía creer que cuando un delincuente de poca monta con frondoso prontuario caía preso, la Policía acostumbraba a inculparlo por el delito que cometió y, además, de paso, “embagayarlo” -o “tirarle el fardo”- de otros que nunca habían podido ser aclarados por parte de las autoridades.

Si aquello hubiera sido cierto, hoy podría decirse que algo así le pasó a Washington Aguerre, el arquero de Cerro Largo, a quien el árbitro Andrés Cunha expulsó correctamente por dos tarjetas amarillas muy bien sacadas, pero además se le acusó públicamente y en forma prácticamente unánime de haber sido el gran responsable del empate agónico y poco menos que milagroso que Nacional consiguió ante los arachanes después de estar 2-0 abajo a los 89’ del partido jugado en el estadio Centenario.

El principal cargo que se le hace al futbolista es que si Cunha no le hubiera sacado la primera amarilla –correctamente, se repite- por celebrar el primer gol de Cerro Largo de cara a la hinchada del equipo rival, cuando a los 89’ cometió el penal que le mereció la segunda amonestación, el árbitro no lo habría expulsado, obligando a que el arco de los arachanes, que ya habían realizado los tres cambios reglamentarios, fuera custodiado (es sólo un decir) por un jugador de campo que, por su inexperiencia e impericia para desempeñar el puesto, no pudo evitar que en pocos minutos Nacional anotara los goles que le permitieron conseguir el empate.

Por su “frondoso prontuario” de anteriores señas irónicas dirigidas a la hinchada de Nacional, dada su reconocida condición de hincha de Peñarol, en esta oportunidad se ha manejado desde el propio Cerro Largo F.C. que Aguerre podría ser sancionado por su actitud irresponsable, que una vez más lo fue en eso de “cargar” a la parcialidad tricolor, incluso llegando a la eventual rescisión de su contrato.

Sin embargo, en el fútbol -como en la vida misma- los hechos, por lo general, ocurren en el contexto de una cronología, no en forma aislada, que en este caso lleva a pensar que a Aguerre lo están “embagayando” con un segundo “delito” futbolístico que no cometió: el de ser, con su expulsión, el principal responsable del empate que en pocos minutos Nacional alcanzó en forma casi milagrosa frente a Cerro Largo.

Es cierto, la expulsión se produjo porque el futbolista ya estaba amonestado, pero en el marco de la sucesión de hechos del partido, la segunda amarilla para Aguerre llegó porque el arquero tuvo que jugarse en forma desesperada -y con agresividad desmedida- para tratar de tapar un horror estratégico y conceptual, de orden colectivo y también individual, que desde ya hace un buen tiempo a esta parte no es infrecuente ver en los equipos del fútbol uruguayo, sobre todo cuando se trata de preservar su arco.

Yendo puntualmente al partido del sábado pasado: Gonzalo Castro -antes de que Aguerre le cometiera el penal- recibió la pelota, ya para quedar de cara a la valla rival, absolutamente solo, con la referencia más cercana de un defensor de Cerro Largo ubicada a no menos de cuatro o cinco metros de distancia.

A los 89’, con el equipo chico -desmembrado respecto a su integración de 2019, según lo había recordado su entrenador pocos días antes- ganándole 2-0 al cuadro en el estadio Centenario, ¿qué quiso hacer Cerro Largo, que no trató de superpoblar su área? ¿Ganar por 3 a 0? ¿O por 4 a 0?

Aparte de la tremenda desconcentración de sus futbolistas, y sobre todo sus defensores, sólo ese argumento podría explicar que a esa altura del partido un jugador de Nacional haya recibido la pelota en el área rival en forma tan solitaria, sin que hubiera ningún jugador «arachán» más cercano que el arquero con posibilidades de tiempo y espacio de impedir su remate.

Ahí hay que buscar la verdadera responsabilidad futbolística por el resultado; porque, seguramente, si Aguerre no hubiera tenido que cometer el penal al tratar de contener al “Chori” en pleno “desierto de Sahara”, ahora podría ser sancionado por Cerro Largo y criticado en forma pública y general por su reincidencia, pero ni el club ni nadie iría más allá de un cuestionamiento a su conducta, que estaría basado, fundamentalmente, en su “frondoso prontuario”.

El principal responsable del empate, en suma, fue Cerro Largo, al que probablemente le sonrojó la posibilidad de apelar a un recurso austero pero pragmático, como es el de poner cinco jugadores -si es posible, uno libre y cuatro por delante- “echando la colita” contra su área, otros cuatro muy poco más adelantados, y uno cerca del círculo central, pero en su propia cancha, por si acaso.

Después, si un rival recibía la pelota en las proximidades del arco de los arachanes con la presencia de dos o tres rivales cercanos e igual les ganaba en el “uno contra uno” y metía el gol, o daba una asistencia para que un compañero suyo anotara, era otro cantar; “esto es fútbol”, como dice Pablo Bengoechea, y es una situación de juego que está dentro de lo probable.

No ocurrió así, tal vez porque Cerro Largo se afilió -con lirismo- a ese estilo moderno que prioriza el equilibrio y hasta lo estético por encima de todo, incluso sobre las necesidades más elementales, que en el caso de un equipo chico que le va ganando al grande por 2 a 0 a los 89’ en el Centenario, es que el rival la tenga lo más complicada posible para llegar al arco adversario.

Nacional, y concretamente “Chori” Castro, en cambio, la tuvieron muy fácil, insólitamente fácil, acaso por aquello que allá por comienzos de siglo, me respondió Carlos Bianchi en su época de mayor auge como técnico de Boca Jrs., cuando -en medio de una charla informal en Buenos Aires- le pregunté si prefería defender con línea de tres o de cuatro: “Le contesto con una pregunta; ¿cómo cubre mejor usted los 70 metros de ancho que tiene la cancha? ¿Con tres o con cuatro?”

Bueno, el sábado pasado, en vez de defender con nueve -y por qué no con diez- en los minutos finales, Cerro Largo quedó tan mal parado que desde la mitad de su área hacia el confín derecho de la cancha a la altura de su retaguardia no había nadie más cercano que Aguerre a la posición del “Chori” Castro.

Sin embargo, al arquero que “cayó” por sus ya reiteradas actitudes desubicadas ante la hinchada de Nacional, lo agarraron de chivo expiatorio como principal culpable del resultado, “delito” por el cual hay otros responsables que, siguiendo también aquí el argot de las antiguas crónicas policiales, son los verdaderos “autores intelectuales y materiales” del empate.

1 Comentario

1 Comentario

  1. Caryl

    2020-02-25 at 14:50

    No se puede decir que el penal que cometió no le quedaba otra,perfectamente le podía haber cerrado el arco con el cuerpo sin necesidad de una patada voladora al pecho,aparte el chori tenía la pelota a la altura del abdomen ,imposible agarrarla de volea,salió totalmente desarmado y a golpear mal,cualquiera que alguna vez vió una jugada de ese tipo la resuelven de otra manera

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