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Boxeo

Amílcar Vidal va en EE.UU. tras “el sueño americano”, con riesgo de siesta de 10 segundos por una sola mano

Sloan representa, al menos desde el punto de vista demográfico, un minúsculo puntito apenas visible en el siempre imponente mapa de EE.UU., y no resulta muy fácil de detectar sobre límite del estado de Iowa con el de Nebraska, unos 820 kilómetros al Este de Chicago.

Sin embargo, a los efectos del objetivo que persigue Amílcar Vidal, esa pequeña ciudad de no más de mil habitantes es capaz de ofrecerle la posibilidad de empezar a cumplir con aquello detrás de lo cual llegan al gran país del norte quienes no van a conocerlo y disfrutarlo como turistas, sino que -aparte de los inmigrantes ilegales- lo hacen portando una visa de trabajo como la que obtuvo el boxeador uruguayo que está invicto al cabo de las nueves peleas que en el último año y medio sostuvo en Montevideo, Maldonado y Buenos Aires, habiendo ganado ocho de ellas por nocaut: el sueño americano.

Es que este viernes, Vidal -dirigido por Richard, su hermano, y con la presencia cercana de don Amílcar, su padre- será uno de los protagonistas de la velada que tendrá lugar en el Winnavegas Resort & Casino de Sloan, que en Uruguay se podrá ver en directo a partir de las 23:30 de nuestro país por “La tele”, con relatos de Martín Kesman y comentarios de Carlos Irusta, y que como una especie de grifa o alerta de que alanzar la empresa antes mencionada nunca es fácil para nadie, se ha promocionado bajo el título “Jugando con fuego”, porque tanto el uruguayo como los dos argentinos que protagonizarán los combates estelares enfrentarán a un par de rivales estadounidenses y un mexicano de trayectorias ascendentes como las suyas, y que nunca han sido derrotados.

En el caso puntual de nuestro compatriota, su contrincante será Zach Prieto, un texano nacido en El Paso hace 27 años, alto, de brazos largos y bien musculado como Vidal, que ostenta un récord casi idéntico al del uruguayo, pues las nueve peleas que hizo las ganó por nocaut, a lo que hay que agregar un dato que excede a la faz estadística y tiene que ver estrictamente con lo pugilístico, porque es el reflejo de la dureza con la cual mete sus manos: de los siete triunfos que obtuvo por fuera de combate, seis de ellos los consiguió en el primer round.

Por eso mismo, también, Vidal parece más experimentado, o más conocedor de lo que es manejar todo lo que implica pelear a una distancia de ocho rounds, tal como lo hizo con propiedad y solvencia el 10 de mayo y el 3 de agosto pasados ante los cordobeses Martín Bulacio y Nicolás Luques Palacios, pues al primero le ganó por KOT en el 8° asalto y al segundo lo derrotó por puntos en diez, con fallo unánime de los jurados.

El “Peti”, además, tiene atributos naturales fundados para perseguir “el sueño americano”: desde niño vive por y para el boxeo, posee un estilo prolijo y atildado, y descarga con precisión y velocidad el notorio índice de poder que hay en sus manos; y, por si fuera poco, desde el 24 de setiembre estuvo trabajando junto a su hermano Richard en lugares de California donde lo hizo en condiciones de exigencia que -por múltiples motivos, entre ellos el de la cantidad y variedad de sparrings- es imposible que un boxeador uruguayo pueda hacerlo en forma cotidiana.

En efecto, residiendo y entrenando en Coachella, una ciudad de 45.000 habitantes que se encuentra a 214 kilómetros al sureste de Los Ángeles, y trabajando alternadamente en “The Summit” (La Cumbre), un gimnsio de última generación ubicado en Big Bear Lake a 2.058 metros sobre el nivel del mar, el uruguayo formó parte del Team Fundora, equipo que dirige al invicto californiano Sebastian Fundora, y tuvo como preparador físico nada más y nada menos que a Abel Sánchez, quien también lo fue -entre mucho otros boxeadores de primer nivel- de campeones mundiales de la talla de Gennady Golovkin, Sullivan Barrera, Murat Gassiev, Orlin y Terry Norris, Carson Jones y Miguel Ángel González.

Por todo esto último, cabe la posibilidad -y existe la expectativa, entonces- de volver a ver cerca de la medianoche de este viernes por la pantalla de “La Tele” a uno de los mejores prospectos del boxeo uruguayo de los últimos 20 años, pero ahora mejorado, potenciado, con argumentos reales para empezar a cumplir “el sueño americano”, que en este caso no es otro que el de llegar a ser campeón mundial o, por lo menos, alternar en los primeros planos del boxeo de EE.UU. con cierta frecuencia y buenas posibilidades de conseguir resultados aceptables.

“Estoy fuerte, física y mentalmente”, garantizó Vidal desde Sloan a “La Oral Deportiva” después de haber pasado por esa instancia siempre especial para la mayoría de los boxeadores que es el pesaje, agregando que “llego bien, como siempre: estuve un kilo arriba hasta principios de esta semana y después que llegué aquí el miércoles de mañana me lo saqué con una sudada; el único inconveniente fue que eso con Richard lo teníamos pensado para hacer el martes y no pudimos porque el vuelo en el que salimos desde California se retrasó y nos tuvimos que quedar esa noche en un hotel de Chicago”.

Obvio, se trata de boxeo y, por lo tanto, se sabe que entre “el sueño americano” y quedar “dormido” por la cuenta de diez segundos del árbitro, puede haber una diferencia de un solo golpe, sobre todo en este caso atendiendo la dureza con la cual el texano Zach Prieto despachó muy rápidamente a siete de sus nueve rivales.

No en vano, Vidal no es el primer uruguayo que va tras ese objetivo que ya persiguieron otros compatriotas en el pasado, aunque a su favor tiene que no va de punto ni para “hacerle la escalera” a nadie, sino que -como lo prueba esta radicación y preparación a alto nivel en California- incursiona en el mercado pugilístico estadounidense de la mano de Sampson Lewkowicz, promotor también compatriota que vive en EE.UU. desde hace más de 45 años.

No fue ese el caso de Juan Carlos “El brujo” Casalá que, viajando hasta de polizón en barcos de carga, hizo cinco peleas entre 1920 y 1924 en Jersey City, Tampa y Miami. Tampoco el de Alfredo Evangelista, que entre 1977 y 1985 peleó diez veces en EE.UU., yendo desde España para hacerle frente a “pesados” de los pesos pesados como Muhammad Ali, Larry Holmes, Leon Spinks y Greg Page. Ni fue la situación que en 1988 protagonizó José María Flores Burlón, que vivía en Pergamino, provincia de Buenos Aires, y se midió por el título mundial de peso crucero en Atlantic City con el portorriqueño Carlos De León y perdió por puntos en fallo unánime.

Ni siquiera está hoy en lo mismo Rudy Macedo, invicto en diez peleas realizadas en EE.UU. y México, que nació hace 24 años en Punta de Rieles y desde hace más de 15 reside junto a sus padres en Novato, 645 kilómetros al norte de Los Ángeles, quien a veces ha tenido que remar para que lo programen sin contar con el respaldo de un promotor que frente a la subjetiva percepción de los jurados lo haga ver como “el caballo del comisario”.

Podría decirse, en suma, que Amílcar Vidal es un elegido. Por sus condiciones naturales, y porque -justamente, en base a ellas- se encuentra en una posición que ningún otro boxeador uruguayo ocupó a lo largo de la historia para ir tras “el sueño americano”. Eso sí, esto es boxeo, y eso implica que de aquel a ir a “dormir” una “siesta” de diez segundos, a veces la distancia es tan chica que se puede medir con una sola mano.

 

 

 

 

 

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