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Copa Libertadores

Superclásicos con un gusto especial

Los River-Boca del presente siglo por Copa Libertadores han dejado huellas imborrables en ambos bandos.

Es difícil encontrar una rivalidad tan mediática en toda América Latina como la existente entre River Plate y Boca Juniors. La historia, los medios de comunicación y el fanatismo de los hinchas, hacen que este enfrentamiento sea único, incomparable, lejos de ser igualado por otro evento deportivo que se realice en cualquier lugar del continente, desde Tijuana en México hasta los confines de la Patagonia argentino-chilena.

Antes del año 2000 se disputaron 18 superclásicos de Copa Libertadores, todos ellos por fase de grupos.  Luego de algunas modificaciones en el formato del torneo, los dos clubes más populares de Argentina dejaron de verse las caras en esa instancia primaria para hacerlo en capítulos definitorios, momentos en que la adrenalina, el nerviosismo pero también la clase de algunos protagonistas, jugaron un papel importante en el desarrollo de estos encuentros.

 

NOCHE MÁGICA EN LA BOMBONERA

La Copa Libertadores del año 2000 enfrentó a millonarios y xeneizes por primera vez en una fase de eliminación directa. La ida se celebró en el Estadio Monumental, que terminó con triunfo rojiblanco por 2-1 con goles de Juan Pablo Ángel y Javier Saviola, mientras que Juan Román Riquelme anotó el tanto visitante.

Pero la historia dio un giro rotundo en el duelo de vuelta realizado en La Bombonera. Una soberbia actuación del elenco orientado por Carlos Bianchi hizo que Boca golease 3-0 a River, gracias a los goles concretados por Marcelo Delgado, Riquelme de penal y del inoxidable Martín Palermo.

Para el conjunto de la ribera, este fue el antepenúltimo escollo en su camino hacia la coronación continental. Posteriormente, dejó por el camino a América de México en semifinales y, en la final, superó al campeón de la edición de 1999, Palmeiras. Esta generación de futbolistas se quedó con la Copa Intercontinental meses más tarde, luego de superar 2-1 a Real Madrid.

 

UNA SEMIFINAL DE PELÍCULA

Cuatro años más tarde, los vaivenes de la pelota hicieron que River y Boca volvieran a colisionar por Copa Libertadores; sin embargo, el premio era más estimulante: la final. El primer encuentro se desarrolló en La Bombonera y su desenlace fue 1-0 a favor del elenco azul y oro, tanto marcado por Rolando Schiavi. No obstante, el partido tuvo polémicas para todos los gustos. El local terminó con 10 jugadores al sufrir la expulsión de Alfredo Cascini, mientras que la visita perdió dos jugadores al ver la tarjeta roja, fueron Marcelo Gallardo y Ariel Garcé.

El desquite tuvo lugar en el Estadio Monumental y, al igual que la primera partida, también tuvo de todo. Faltas, protestas y expulsiones, la ansiedad podía más que la creatividad en dos planteles formados por grandes talentos. Fabián Vargas por el lado xeneize y Rubens Sambueza en la vereda millonaria vieron la roja.

Lucho González abrió el marcador para la banda; pero un joven Carlos Tévez puso el empate a los 89 minutos. Sin embargo, tras simular a una gallina en su festejo, el hombre del Fuerte Apache se despidió del encuentro antes del pitazo final. A River le quedó una munición más, que fue aprovechada por Cristian Nasuti para poner el 2-1 y definir la serie en penales. Boca se impuso en la lotería por 5-4, una efectividad que no pudo plasmar en la final ante Once Caldas de Colombia tras marrar cuatro lanzamientos consecutivos. Ello le impidió revalidar el título obtenido en 2003, año en que también fue campeón intercontinental.

 

GAS PIMIENTA Y BOCHORNO

Los octavos de final de la Copa Libertadores de 2015 cruzaron a River y Boca una vez más. A diferencia de años anteriores, en que el xeneize era el máximo representante argentino en el concierto internacional, los millonarios venían renacidos tras coronarse campeones de la Copa Sudamericana de 2014, certamen en el que coincidieron en semifinales.

El duelo de ida celebrado en el Monumental se lo quedó el elenco de Gallardo, que derrotó por mínima al tradicional rival con un gol de Carlos Sánchez. La ventaja era minúscula, pero el juego riverplatense era ampliamente superior al boquense. De todas formas, los dirigidos por Rodolfo Arruabarrena tenían la posibilidad de revertir la situación en su casa, cosa que no sucedió no solo por lo futbolístico, sino también por factores externos.

Tras el entretiempo y durante el ingreso de los jugadores millonarios al campo de juego, un sector de la parcialidad local agredió con gas pimienta a los futbolistas visitantes. El hecho hizo que se suspendiera el encuentro tras varios minutos de charlas entre árbitros, dirigentes de ambos clubes y directivos de CONMEBOL. El órgano rector del fútbol sudamericano descalificó a Boca y otorgó la victoria a River que, meses más tarde, se coronaría campeón por tercera vez en su historia.

 

UNA FINAL PARA EL RECUERDO

Por primera vez en la historia de la Copa Libertadores, la final fue protagonizada por dos clásicos rivales de un mismo país. La última instancia antes de levantar el trofeo estuvo en boca de todo el mundo no solo por lo deportivo, también por lo ajeno al campo de juego.

El primer encuentro, que se suspendió por las inclemencias del tiempo, se jugó al día siguiente y terminó con empate a dos. Ramón Ábila y Darío Benedetto anotaron los goles xeneizes, mientras que Lucas Pratto y Carlos Izquierdoz en propia meta firmaron las conquistas rojiblancas. Sin embargo, la vuelta tuvo condimentos extras que hacían de este, un partido aún más llamativo.

La partida de vuelta se suspendió por incidentes contra los jugadores boquenses. Ello llevó a que la CONMEBOL decidiera jugar el último duelo de la Copa Libertadores de 2018 en el Estadio Santiago Bernabéu de Madrid, una decisión que no estuvo exenta de polémica.

Con las hinchadas de ambos equipos y luego de cruzar el Atlántico, River se impuso 3-1 con tantos de Pratto, Juan Fernando Quintero y Gonzalo Martínez, luego de ir cayendo 0-1 tras la conquista de Benedetto. El trámite se resolvió en el tiempo extra, un aspecto más para afirmar que esta, fue la final más loca de todas.

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