• Sunday, May 19, 2024

Peñarol: Los 7 pecados capitales en la Copa Sudamericana

Foto: Pablo Porciúncula/AFP vía Getty Image

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La institución apostó por el torneo continental, pero en el camino no pudo sortear los obstáculos que se le presentaron e hizo un papelón

Cuando terminó la pasada temporada e Ignacio Ruglio se encontró con Peñarol en el quinto puesto de la Tabla Anual tragó primero el trago amargo de saberse afuera de la Copa Libertadores e inmediatamente trató de transformar un inconveniente en una oportunidad. Fue entonces que el presidente le encomendó a la Secretaría Técnica encabezada por Pablo Bengoechea encontrar los métodos para lograr los refuerzos que permitieran formar el mejor plantel que se pudiera e ir por todo en la Copa Sudamericana, un torneo en el cual en 2021 la institución había alcanzado las semifinales.

Se puso manos a la obra y lo primero que se hizo fue nombrar al nuevo técnico: Alfredo Arias. Un entrenador con claro corte ofensivo como para que Peñarol fuera protagonista. Luego se buscaron los futbolistas y llegaron: Carlos Sánchez, Sebastián Rodríguez, Lucas Hernández, Abel Hernández, Leo Coelho, Matías Arezo y Diego Rolan. Sí, buenos nombres, por lo cual el plan seguía por buen camino.

Comenzó el Apertura y Peñarol logró triunfos y buenos rendimientos basado en el fútbol atildado de Sebastián Rodríguez, la velocidad de Ignacio Laquintana y los goles de Arezo. Todo bien hasta el clásico, el cual ganó 2-0, pero esa tarde lo que era un camino de rosas se transformó en un calvario de espinas. Luego de una gran actuación, Laquintana anunció su salida inmediata y todo se vino abajo. A las pocas horas los aurinegros visitaron a Atlético Mineiro en el debut por la Sudamericana y cayeron por un contundente 4-1 que no fue una nube, sino el inicio de un temporal devastador.

Acá van 7 pecados capitales cometidos por Peñarol que lo llevan a esta penitencia de haber sido el equipo 63 de 64 (sin puntos y -14 en saldo goleador) que tomaron parte de los torneos continentales, lo que configura la peor actuación en la historia del aurinegro a nivel internacional:

  1. Contrataciones fallidas. Lo que parecía haber sido un muy buen periodo de pases terminó siendo una piedra angular en el caos deportivo de Peñarol. Excepto Sebastián Rodríguez, el resto de los futbolistas no dieron la talla. Rolan, Sánchez y Abel estuvieron más lesionados que a la orden (lo que incluso llevó al primero a rescindir su contrato), Coelho y Hernández estuvieron bajísimos en su nivel futbolístico y Arezo se quedó sin elixir goleador cuando se fue Laquintana. La realidad mostró que Peñarol adquirió por catálogo y no a través de un análisis del momento deportivo de cada una de las incorporaciones.
  2. Sin estilo. Aunque fue campeón del Apertura —y por cierto con comodidad— Arias entró en un estado de confusión total luego de la marcha de Laquintana y no logró consolidar un equipo ni un estilo de juego. Cometió el error de tratar de disimular una ausencia cambiando la forma de juego, lo que llevó a cambiar lo que funcionaba bien y arrastrar a los futbolistas hacia su propio caos. Desaparecieron los extremos, los mediocampistas no tenían clara su función y el desbarajuste se trasladó al funcionamiento colectivo.
  3. Inconsistencia defensiva. Es de Perogrullo decirlo si se mira el número de más arriba de -14 en saldo de goles. Peñarol anotó 4 tantos en 6 partidos y recibió 18. Lo inquietante del caso es que (salvo Millonarios en la altura de Bogotá) los rivales no lo pasaron por arriba, sino que le remataron pocas veces al arco y le anotaron mucho. El arquero no atajó las que debía sacar, los zagueros perdieron tanto en el juego aéreo como en el terrestre dejándose anticipar (en los mano a mano se las arreglaron bastante bien) por falta de velocidad o movilidad y los laterales hicieron agua. A eso se debe sumar un mediocampo con escasa contención.
  4. Fragilidad anímica. Este debería ser el punto más preocupante, porque se puede perder, pero la cuestión son las formas. Peñarol compitió en cada partido solo hasta que le anotaron, porque una vez vulnerado el equipo de desmoronó indefectiblemente desde lo anímico. Durante los primeros 5 partidos estuvo siempre primero en desventaja, pero en el sexto el jueves frente a América se puso arriba en el marcador y no logró contenerlo. Le empataron a los 78′ y a los 87′ le convirtieron el segundo. El equipo nunca mostró rebeldía ante la adversidad y eso para el hincha de Peñarol es imperdonable.
  5. Falta de gol. Mientras Arezo hizo los goles Peñarol fue dominante, pero cuando los dejó de hacer no apareció nadie como para sostener al equipo ofensivamente. De hecho el que sacó la cara en la Sudamericana ante la sequía del goleador fue Sebastián Rodríguez, un mediocampista, quien hizo el 50% de los tantos: 2.
  6. Localía. No se puede aspirar a nada si no se gana de local y en este caso Peñarol no solo no lo hizo, sino que perdió todos sus partidos. El Campeón del Siglo, que solía ser un bastión casi inexpugnable, no fue factor en los primeros dos juegos y la mudanza al Centenario para el último tampoco dio resultado. ¿El problema? Que ante el mal momento del equipo los hinchas no fueron con el ánimo de alentar, sino de abuchear al equipo y pedir las salidas del técnico, del presidente, del secretario técnico y en definitiva de todos, como lo exhibieron en una pancarta el jueves a la noche. Tanta presión a la larga se hace irresistible.
  7. Desidia dirigencial. El principal responsable por supuesto que es el presidente, porque así lo marca su cargo. En el caso de Ruglio porque ha sido terco en sostener lo insostenible, como la continuidad de Pablo Bengoechea en la secretaría técnica. ¿Cambiaría algo si lo cesara? Difícilmente, porque el plantel ya está armado más allá de los retoques que se le puedan hacer ahora a mitad de año. Sin embargo hay señales que deben darse y sobre todo darse cuenta que en estos momentos el ídolo futbolístico del Quinquenio de Oro es un factor de discordia; es contraproducente para la institución. Dicho esto, hay responsabilidad también del resto de la dirigencia por la desidia demostrada. En año electoral se antepusieron los intereses personales por sobre los del club que dirigen. Es cierto que Ruglio desconoció mayorías que votaron por cambios, pero también que permitieron que la situación se fuera de las manos porque mientras peor le fuera al presidente de turno, mayor beneficio habrá en las urnas.

Peñarol no puede cometer un octavo pecado: seguir con las guerras intestinas por el poder, porque eso le puede costar el Campeonato Uruguayo que hoy al menos está a un solo partido de ganar porque aún es líder de la Anual.

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