• Monday, April 15, 2024

Uruguay Sub 17: caída y eliminación ante Brasil, ante el que no se aprende

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Foto: @Uruguay

La Celeste cayó 3-0 en la última fecha de la fase de grupos y por cuarta ocasión consecutiva se quedó sin Mundial

La selección Sub 17 de Uruguay quedó eliminada en primera fase del Sudamericano y no puede causar sorpresa. Primero, porque el equipo que dirige Diego Demarco no desplegó un juego consistente como para aspirar a llegar más alto; segundo porque es la categoría en la que más le ha costado a la Celeste consolidarse; y tercero porque se necesitaba sacar un buen resultado ante Brasil, rival contra el que parece que no se aprende nunca la lección.

Desglocemos los tres ítems y empecemos, obviamente, por el rendimiento de Uruguay. Disputó cuatro partidos, de los que ganó solo uno, empató otro y perdió dos. Únicamente anotó dos goles (uno de ellos de penal) y fueron ambos en el triunfo 2-0 sobre Ecuador. En las restantes presentaciones empató 0-0 con Colombia, cayó 2-0 con Chile y finalmente perdió 3-0 con Brasil. No hubo ningún futbolista que destacara y el juego colectivo brilló por su ausencia. Por lo tanto debe concluirse que la actuación fue digna de una eliminación del torneo continental y, por cuarto año consecutivo, de la Copa del Mundo de la categoría.

Pasemos al segundo punto que es la pobre historia de Uruguay en los Sudamericanos Sub 17, certamen que no ha podido ganar desde que comenzó a disputarse en 1985. Las mejores figuraciones fueron en 1991, 2005 y 2011 cuando quedó como subcampeón. ¿Hay una explicación para ello? Puede haber más de una, pero vayamos a la que parece la más obvia: los jugadores uruguayos explotan con más avanzada edad, razón por la cual tampoco es cuestión de crucificar a estos botijas. En general Uruguay es competitivo a lo que juegue, pero en las más categorías bajas no logra brillar, pues tampoco ha ganado nunca el Sudamericano Sub 15. Prueba de esta maduración más tardía es que hay futbolistas que no integran selecciones Sub 15 o Sub 17 y luego aparecen en la Sub 20 con gran destaque y son negociados al exterior. ¿A qué se debe? Básicamente a la falta de infraestructura en las divisiones formativas de las instituciones. Los físicos no son tan desarrollados como los de brasileños o argentinos, falta velocidad y sobre todo técnica. Todo eso debería trabajarse y pulirse en los primeros años, pero en Uruguay ocurre al revés. Los jugadores comienzan a perfeccionarse técnica y tácticamente cuando llegan al equipo principal y se potencian con sus colegas de Primera.

Finalmente tenemos el tercer ítem que quizás sea lo más preocupante: la falta de ambición ante Brasil. En los últimos 10 años la Celeste ha enfrentado en forma oficial y por toda competencia en 17 oportunidades a los brasileños, de las cuales ha ganado 4, empatado otras 4 y perdido en 9. De hecho, las 4 victorias fueron obtenidas por la Sub 20 en los Sudamericanos de 2013, 2015, 2017 y 2019. La selección absoluta, por ejemplo, disputó 5 juegos en este periodo, empató 1 y perdió los restantes 4, que además han sido los últimos en forma consecutiva. La última vez que un seleccionado de Uruguay derrotó a Brasil fue el 4 de febrero de 2019 en Rancagua (Chile). Lo hizo 3-2 por la fase final del Sudamericano en el cual los celestes finalizaron terceros y los brasileños quintos.

No deben preocupar los resultados, pues perder ante Brasil suele ser el resultado más común para para cualquier selección del mundo, pero la cuestión es que parece no aprenderse de los planteamientos. Hay un dicho que reza: “Si quieres que suceda algo distinto lo primero que debes hacer es cambiar algo tú”. Pues bien, la cuestión es que los planteamientos tácticos son siempre iguales y tienen como resultado no ganar. Siempre se sale a enfrentar a Brasil con la mentalidad de aguantar el cero en el arco y tratar de aprovechar un contraataque y, como suele ocurrir, el que sale a no ganar termina perdiendo. En fin, quizás sea momento de ser un poco más ambicioso, aunque claro está: es fácil decirlo desde el confort del periodista o aficionado, que al fin y al cabo no es entrenador ni se juega el puesto.

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